Periplo | “Es mucho más peligroso subir al K2 que recorrer Siria”
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“Es mucho más peligroso subir al K2 que recorrer Siria”

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07 oct “Es mucho más peligroso subir al K2 que recorrer Siria”

Sebastián Álvaro es uno de los grandes nombres españoles en los viajes de aventura. Alcanzó grandes cuotas de notoriedad como director del proyecto ‘Al filo de lo imposible’, programa televisivo que durante mucho tiempo, 27 años, se emitió en la RTVE. Él será uno de los protagonistas que llenarán de historias la IV edición de Periplo, Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventura que se celebrará del 10 al 16 del presente mes de octubre en el Puerto de la Cruz.

– ¿Qué significa para usted riesgo?

– Bajo un punto de vista técnico es sencillo contestar: peligro sería todo aquello que nos hace daño y riesgo sería la probabilidad de que ese peligro se materialice. Así que desde que nacemos somos gestores del riesgo. Cuando siendo niños nuestros padres nos cogen de la mano y nos enseñan a cruzar una calle, mirando a los dos lados y siendo prudentes, sencillamente nos están enseñando a enfrentarnos a los riesgos que se nos van a presentar a partir de entonces. Porque vivir es, definitivamente, algo peligroso. Pero bajo un punto de vista personal para mí el riesgo es sinónimo de aventura. El primer documental que hice sobre la escalada del K2 (8611 ms) empezaba con una definición que decía “Aventura es una empresa de resultado incierto y que entraña peligro”. Y luego salía el título del programa: “La Aventura del K2”. La incertidumbre, el riesgo, es aquello que tenemos que asumir cuando nos imponemos un reto o perseguimos un sueño. Y eso implica, de entrada, una voluntad: Atreverse a fracasar. Y, por otro lado, la inteligencia de saber “leer” los peligros, minimizarlos en lo posible, asumir los riesgos que creamos estar preparados y, como escribió Lord Tennyson, “no rendirse jamás”.

– ¿Qué valores le han acompañado durante todos estos años para conseguir sus retos?

– Los que me inculcaron mis padres desde niño: el trabajo, el esfuerzo, a veces incluso el sacrificio cuando es necesario. Pero si tuviera que destacar dos yo diría que la valentía y la honestidad. Al igual que los clásicos, griegos y romanos, pienso que lo único que no se puede perdonar es la traición y la cobardía. Alejandro Magno podía perdonar a un enemigo si se había batido con valentía en el campo de batalla, e incluso dejarle de rey como ocurrió con el rey Poro, pero nunca perdonó a un ladrón o un traidor.

– ¿Después de haber vivido “al filo” todo este tiempo cuál ha sido su filosofía de vida y trabajo?

– Creo que desde niño no he hecho otra cosa que trabajar. Nací en un barrio de Madrid, hijo de los lecheros de campamento que sacaron adelante a los cuatro hijos con mucho esfuerzo. Ayudaba a mi madre a repartir la leche en el barrio antes de ir al colegio. A los 17 años ya trabajaba en TVE, ayudaba a mis padres y al mismo tiempo estudiaba en la Universidad. Así que desde muy joven supe que las cosas cuestan mucho esfuerzo. Esa misma forma de encarar la vida la apliqué a Al Filo desde los comienzos. No se trataba solamente de arriesgarse por hacer aventuras muy arriesgadas sino de hacer un trabajo y hacerlo bien. Me supe rodear de amigos y colaboradores trabajadores y leales. Con alguna excepción, que podría contar con los dedos de una mano, no me defraudaron. Me siguieron al fin del mundo y se dejaron la piel no por subir al K2 o bajar el Indo en piragua, sino por hacer un programa de televisión del que pudiésemos estar orgullosos.

– Después de 27 años al frente de Al filo de lo imposible ¿se arrepiente de alguna de las expediciones que hizo?

– Sin duda de las más tristes aquellas en las que perdí compañeros, la expedición al K2 de 1994, en la que murió Atxo Apellaniz y Juanjo San Sebastián sufrió graves imputaciones en sus manos, y la expedición a la isla Guadalupe que hicimos en el 2003 en la que falleció Xabi Iturriaga y otra compañera tuvo múltiples fracturas. También fueron momentos especialmente amargos, que nunca olvidaré, los intentos de rescate de Óscar Pérez y de Juanjo Garra, que terminaron sin éxito. Haber tenido la responsabilidad de esos dos rescates, aunque hicimos todo lo que estaba en nuestra mano, me dejó muy tocado anímicamente durante mucho tiempo. Pero si volviera a estar en aquel mismo momento seguramente ahora haría mismo. En el 94 llevábamos once años persiguiendo el sueño del K2. Por eso fuimos, siendo conscientes de lo mucho que nos jugábamos. Si lo hubiese sabido está claro que no hubiéramos ido. Pero la vida no te da la posibilidad de rebobinar. Pero desde luego que hoy, con la experiencia que tengo, no hubiera hecho cosas ni tomado las mismas decisiones. No soy de los que digo que no me arrepiento de nada. Me arrepiento de algunas cosas, fundamentalmente la de confiar en personas que no debía haber confiado.

– ¿Se siguen preocupando los medios de comunicación por cubrir y retransmitir las grandes expediciones?

– Creo que hoy más que nunca, lo que pasa es que las cosas han cambiado. Antes se necesitaban semanas para poder ver el documental de una expedición hoy las redes sociales, internet o youtube se encargan de que prácticamente las expediciones se puedan seguir en directo. La tecnología ha cambiado el mundo. En 1983 las expediciones llevábamos emisoras de onda corta con la esperanza de hacer una conexión, hoy en día la gente habla con sus familias desde el campo base o conectan con las emisoras de radio. Sólo falta un contenido interesante. Si los alpinistas hiciesen las expediciones de los años 80, o las escaladas de Bonatti de los años 60, sería mucho más interesante que ver las expediciones comerciales al Everest.

– ¿Qué inconvenientes se encuentra el director de documentales que quiere realizar hoy uno sobre aventuras y expediciones de alto nivel en España?

– Básicamente uno: la falta de interés y de financiación de las televisiones en España. Los contenidos de las televisiones en España en los últimos años se han banalizado haciendo bueno el dicho que la cultura profunda es sustituida por la superficialidad. Con excepciones casi nadie emite documentales, ni de montaña, naturaleza, políticos, pero tampoco hay programación cultural, infantil etc.

– ¿Qué opinión tiene de los nuevos formatos televisivos de programas de riesgo?

– Creo que en el fondo esos programas no son de montaña, aventura o naturaleza sino realitys shows cuyo decorado se sitúa al aire libre. Es como si Gran Hermano en vez de hacerse en una habitación se trasladara al campo. La verdad es que no me interesa nada ese tipo de televisión. Intento, como siempre, no perder mi tiempo. Leo buenos libros, veo buen cine y buena televisión. Y ahora mismo tenemos una oferta en todos esos aspectos impresionante, sólo se trata de invertir un poco de dinero y saber elegir.

– ¿Qué echa de menos Al filo de lo imposible?

– Los recuerdos de esos 28 años son mi vida. En realidad, (espero que no suene a pedantería) la historia de mi vida es la historia de ‘Al Filo de lo Imposible’. Ya he dicho que lo hicimos posible un grupo de personas comprometidas, trabajadoras y valientes. Espero que el tiempo permita juzgar con generosidad todo lo que fuimos capaces de hacer. Pero aquello se terminó y al día siguiente de irme ya estaba trabajando en otros proyectos. Y en eso sigo. Por eso no echo nada de menos, sigo haciendo expediciones y viviendo de la misma forma que siempre lo he hecho.

– ¿Cómo ve el presente del alpinismo en España?

– Creo que, de forma mayoritaria, ahora estamos en una etapa poco creativa, muy repetitiva, donde se abusa de rutas normales, cuerdas fijas y porteadores que llevan la iniciativa. Incluso se utilizan botellas de oxígeno en montañas que originalmente se ascendieron sin botellas. Luego hay algunas pequeñas expediciones interesantes como las últimas de Zabalza, Iñurrategui y Vallejo, pero que más bien parecen excepciones en un panorama bastante aburrido. Sin embargo tenemos a alpinistas más fuertes que nunca, casi atletas, pareciera como si faltara imaginación, valentía y compromiso. Espero que los chavales jóvenes se decidan a pensar a lo grande.

– ¿Hay algún paraje canario que le despierte un desafío?

– De las islas me atraen sus paisajes, de belleza y exclusividad únicas. Y los amigos, que me hacen regresar a Canarias y hacerme sentir como si estuviera en casa. Los paisajes de la isla son espectaculares. Los bosques de laurisilva, los atardeceres… pero el Teide siempre será un amigo al que hay que volver a ver como se visita a los amigos, como vuelvo al museo del Prado a ver esos cuadros que me emocionan. No es un desafío, es una vieja pasión.

– ¿Qué cree que es en la actualidad más peligroso subir el K2 o recorrer Siria?

– Subir al K2, sin duda, es mucho más peligroso. Pero si tuviera que elegir preferiría escalar el K2, las montañas son menos imprevisibles que los hombres. Y, en una guerra, mucho más nobles.

– Muchos de los lugares por los que desfilaron las cámaras de Al filo de lo imposible son hoy la diana de los desastres medioambientales y del cambio climático ¿qué siente?

– A veces tristeza. Sobre todo por los grandes hielos del planeta que estamos perdiendo. Todos los glaciares están en franca regresión. Pero lo peor no es que no estemos haciendo nada por dejar de contaminar el aire y las aguas, contribuyendo al calentamiento global, lo peor es que poco a poco la depredación del ser humano no tiene límites: ni selvas, ni ríos ni montañas se salvan de la codicia. Nos estamos quedando sin espacios de grandeza y exclusividad, esos espacios que nos recuerdan la antaño riqueza natural del planeta en el que vivimos. Necesitamos esos espacios tanto como el aire que respiramos.

– ¿Qué reto espera ahora a Sebastián  Álvaro?

– En estos momentos estamos preparando una expedición a la Antártida. Me gustaría mucho volver al continente helado, compartir escaladas y aventuras con amigos a los que quiero y pasarme dos meses sin internet, aislado al margen de este mundo, fuera de las noticias de guerras, atentados y corrupción que nos inundan todos los días… probablemente me estoy haciendo mayor.

 

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