Periplo, en la sesión matutina de su penúltima jornada, se asomó a la idea del viaje desde tres perspectivas: la del ojo que encuadra, la del mapa que interpreta y la de la palabra que transforma. Jorge Noguerales, Kevin Wittmann y Lola Nieto compartieron sus obras y reflexiones en un día en el que el mundo volvió a desplegarse como una hoja en blanco por escribir.
El primero en intervenir fue el jefe de localizaciones y productor audiovisual Jorge Noguerales, quien presentó La película de mi viaje (Libros Indie, 2025) junto al periodista Leo Santisteban. Tras casi dos décadas en el cine —con títulos como Aliados, Han Solo o Eternals—, Noguerales relató cómo su forma de mirar cambió durante los dieciséis meses que recorrió el mundo en plena pandemia. Explicó que el libro no busca un relato de éxito ni una crónica de superación, sino una mirada honesta sobre lo que se aprende viajando con incertidumbre. “Evité centrarme en la pandemia”, comentó, “quise escribir desde la emoción, el lado humano y la aceptación de los errores”.
Durante su conversación, compartió algunas de las impresiones que marcaron sus viajes recientes: la omnipresencia de las pantallas, “una adicción más visible cuanto más pobre es la sociedad”, la contaminación por plásticos y la persistencia del machismo y la violencia de género como males universales. “Son grandes desencantos que cambian la forma en que miro el mundo”, afirmó.
A las 12:00 horas tomó el relevo el historiador Kevin Wittmann, que presentó La huella de los mapas. Cartografías de lo humano (geoPlaneta, 2023) junto al periodista Eduardo García. Wittmann defendió que “un mapa es una forma de organizar un asombro”, y explicó cómo cada representación del mundo es también una forma de narrarlo. Recordó que ningún mapa puede ser del todo real —por la dificultad de trasladar el terreno a un plano— y que, sin embargo, todos influyen en la manera en que percibimos los territorios y a nosotros mismos.
El autor llevó al público desde el mapamundi babilónico del siglo VI a. C. hasta el planisferio de Cantino (1501), perdido durante siglos y hallado en una carnicería, pasando por la broma del The Guardian sobre la ficticia república de San Serriffe. También habló de los mapas invisibles trazados en trenzas por los esclavizados de San Basilio de Palenque, o los que los pescadores de las Islas Marshall hilaban en sus redes para recordar rutas entre islas. “Hay tantos mapas como personas”, explicó, “porque cada uno proyecta su propia forma de habitar el mundo”.
El cierre de la mañana lo protagonizó la filóloga y poeta Lola Nieto, que presentó La isla desnuda (La Caja Books, 2024) junto a la editora Pilar Rubio Remiro. Su intervención fue un viaje poético y filosófico por la cultura japonesa, su visión del yo y su relación con la naturaleza. “Para mí, la escritura es un espacio intermedio —dijo—, un lugar donde desplazar las ideas, mover los juicios y reconstruirnos”. El título de su obra, inspirado en una película de Kaneto Shindo, remite a la conexión transparente entre el ser humano y su entorno. Nieto habló de los conceptos complejos que guardan las palabras japonesas, como itadakimasu —el agradecimiento antes de comer— o watashi, la referencia del yo en relación con lo que uno cultiva, y explicó que “en Japón no se entiende el centro como algo jerárquico, sino como parte de un conjunto en equilibrio”. También reflexionó sobre las tensiones de una sociedad conservadora que, a pesar de su armonía exterior, ejerce una fuerte presión sobre quienes se salen de la norma.
La jornada se completó con la exposición Cumbres a la vista. Miradas desde la montaña de la Federación Insular de Montañismo de Tenerife, abierta en el Castillo de San Felipe, y con la última sesión del taller La dignidad es lo que importa del fotoperiodista Gervasio Sánchez.
En esta penúltima jornada, Periplo viajó entre mapas, metáforas y paisajes interiores, recordando que el deseo de explorar no termina nunca: cambia de forma, se adapta al tiempo y sigue siendo, en esencia, una manera de mirarnos en el mundo.


