En la tarde del sábado, se cerró la sesión de encuentros con intensidad y contraste. Tres voces —Ebbaba Hameida, Héctor Salvador y Gervasio Sánchez— abordaron, desde territorios muy distintos, la necesidad de mirar, comprender y contar el mundo con honestidad: desde los desiertos saharauis hasta el fondo del océano, pasando por las heridas que deja la guerra.
La tarde comenzó con la periodista y escritora Ebbaba Hameida, vicepresidenta de Reporteros Sin Fronteras en España y reconocida por su cobertura en zonas de conflicto. En conversación con Nicolás Castellano, presentó su primera novela, Flores de papel (Península, 2025), una historia que entrelaza tres generaciones de mujeres saharauis —Aisha, Leila y Naima— atravesadas por el colonialismo, la guerra y el exilio. Hameida explicó que el germen del libro nació como un proceso íntimo: “Tenía algunos capítulos escritos en mi ordenador, sin intención de publicarlos, hasta que me pidieron escribir sobre lo que sabía del Sáhara”. Así comenzó a reconstruir la historia de su propio pueblo y la de su familia. “Con Aisha quise contar mi historia —dijo—, la de alguien que crece entre dos culturas que no se entienden y no quieren encontrarse”.
Durante la charla, compartió su frustración ante el silencio internacional: “Llevo años escuchando que en el Sáhara no hay novedades. Y yo creo que ese es el titular: que cincuenta años después nada ha cambiado”. La escritora insistió en que la memoria del Sáhara es también una responsabilidad colectiva: “El derecho internacional no puede ser selectivo». La parálisis ante esta causa es un espejo incómodo para el mundo.
A las 19:15 h, el ingeniero y piloto de sumergibles Héctor Salvador llevó al público a otro tipo de frontera con Viaje al corazón del océano. En conversación con José Naranjo, relató su descenso a la Fosa de las Marianas, con el que en 2021 se convirtió en el primer español en alcanzar los 10.706 metros de profundidad. “Un robot puede bajar más hondo —contó—, pero no puede venir aquí a explicar qué se siente allí abajo”. Narró los desafíos físicos de una inmersión de doce horas y las impresiones de estar en el lugar más antiguo y silencioso del planeta. Entre asombro y preocupación, mostró una imagen que captó en aquella expedición: una bolsa de patatas fritas reposando en el fondo del océano. “Nuestra basura está llegando antes que nosotros a sitios inexplorados —dijo—. El océano cubre el 70 % del planeta, genera la mitad del oxígeno que respiramos, captura CO2 como ningún otro ecosistema y es el medio más descuidado ambientalmente”.
También relató una escena especial observada en las Maldivas: un pulpo y un mero que colaboraban para alimentarse. “Era pura amistad entre especies”, comentó, recordando que los humanos quizá nos apropiamos de comportamientos que son naturales en otras especies.
El cierre de la jornada lo protagonizó el fotoperiodista Gervasio Sánchez, acompañado por Nicolás Castellano y Rosa María Calaf. Bajo el título Los ojos de la guerra, reflexionó sobre la responsabilidad del periodismo en los conflictos armados. “Una guerra es imposible de contar —advirtió—. Son veinticuatro horas de horror durante semanas, meses o años». Con cuatro décadas de experiencia en zonas de conflicto, Sánchez explicó que la mayoría de quienes combaten “no son locos, sino personas empujadas a matar para no morir”, y denunció la hipocresía de los países exportadores de armas: “Nunca he visto un arma africana en una guerra africana. Las fabrican Europa, China, Rusia o Estados Unidos… y España llegó a ser la sexta potencia mundial en su venta». El fotógrafo subrayó que su trabajo no busca el impacto, sino la dignidad: “Fotografiar es una forma de respeto. La imagen debe devolver humanidad a las víctimas».


